Tessa sabe muy bien que el primer amor nunca se olvida, entre otras cosas, porque el destino parece empeñado en cruzar su camino una y otra vez con el de Alex, el chico que le robó el corazón cuando tenía tan solo dieciséis años. Su relación acabó mal, o más bien nunca terminó, y ahora han vuelto a encontrarse. Cinco años después, Tessa no está dispuesta a dejarse arrastrar por la tormenta de sentimientos que le provoca ese hombre repleto de tatuajes y con una sonrisa capaz de despojarla incluso de su voluntad. Pero una cosa es lo que ella quiera y otra muy distinta lo que su corazón no deja de susurrarle.
¿Podrán superar en esta ocasión el daño que se hicieron y todo lo que les sucedió en el pasado? ¿O están condenados a encontrarse y perderse una vez más?
Traición, dolor, culpabilidad y una pasión que los empujará hacia el abismo y pondrá a prueba su amor.
¿Podrán superar en esta ocasión el daño que se hicieron y todo lo que les sucedió en el pasado? ¿O están condenados a encontrarse y perderse una vez más?
Traición, dolor, culpabilidad y una pasión que los empujará hacia el abismo y pondrá a prueba su amor.
Hoy no os traigo una reseña al uso. Lo que a continuación vais a leer es una reflexión que hice antes incluso de acabar el libro de Victoria Vílchez. No sabía si compartirlo o no, pero al final voy a hacerlo. Como vais a ver, lo escribí bajo el influjo de la rabia que en ese momento estaba asolando mi cuerpo y ya que lo comparto, no he querido cambiar ni una sola coma. Sin más os dejo con ella.










